viernes, 24 de abril de 2015

Bajo el suelo palentino, cuando la tierra habla.



En esta ocasión de nuevo mostramos a todos los lectores una parte más de nuestra historia olvidada y seguro que desconocida para la mayoría de nosotros. No se desvelará el lugar donde se han realizado estas fotografías, pero como siempre, cuando observamos restos de nuestro pasado, los mismos son capaces de contarnos una historia que ni siquiera el paso de siglos puede ocultar. En esta ocasión mostramos una serie de fotografías que en un principio pueden parecer simples cuevas, juzguen ustedes mismos lo que aparece en las siguientes imágenes:










A simple vista lo que observamos son cuevas excavadas directamente sobre el terreno, pero como siempre, hay que mirar con mayor profundidad y sobre todo fijar la atención en aquellos detalles que pueden pasar desapercibidos a simple vista. Y esta vez en primer lugar nos fijamos en el acabado de sus paredes en aquellas zonas donde aún se aprecia su recubrimiento original, y se observa que el mismo parece estar lavado de tal manera que presenta un aspecto como de pulido, lo cual nos da una pista sobre que esas cuevas fueron realizadas con un propósito especial, ya que sino no se hubieran molestado en dar ese acabado final.


La altura de las mismas es baja, la justa para que una persona de mediana estatura pueda permanecer de pie en su interior. Aunque alguna de sus zonas se ha derrumbado, por fortuna la mayoría sigue en pie y llama enseguida la atención su distribución interna. La misma es muy llamativa porque en una de sus galerías  de sección rectangular, a ambos lados de la misma, hay una elevación de pequeña altura, la altura necesaria para que una persona pueda sentarse con comodidad y contemplar la entrada del sol por su apertura final.


Pero eso no es lo que más llama la atención, sino que en otras de sus galerías  se observan dos columnas incompletas de las que sólo existe su base y su parte superior anclada a su techo oponiéndose a la fuerza de la gravedad.



Algo así no puede haber sido hecho sin un propósito concreto, tales motivos geométricos deben tener alguna finalidad.
Si continuamos observando su interior, nos encontramos con una serie de habitáculos semicirculares o rectangulares de pequeñas dimensiones, algunos con aperturas por las que sólo puede entrar una persona, distribuidos de una manera muy especial. Junto a cada uno de esos habitáculos, en su zona anterior, justo al lado de su entrada, se encuentran unas pequeñas hornacinas, algo que comienza a dar mucho más que pensar, y que uniéndolo a su pequeño tamaño hace pensar en la posibilidad de que se traten de emplazamientos funerarios. 



Aquí se aprecian tres habitáculos contiguos en forma circular, con sus tres correspondientes hornacinas también esta vez circulares:


 La forma circular de estas hornacinas es idéntica a las que se encuentran en la cueva llamada "Sala de los Moros" en Logroño:

Cueva "Sala de los Moros" (Logroño) - Fuente de la imagen: http://trasloscaminos.blogspot.com.es/2012/02/coronilla-y-pico-del-aguila.html

Aquí se observa otra hornacina de nuevo junto a un pequeño habitáculo en su parte inferior, esta vez rectangular:




En este caso de nuevo nos encontramos con una antesala que nos lleva hasta una sala interior desde la cual se accede a dos nuevos habitáculos funerarios. En esta ocasión en lugar de existir dos hornacinas de menor tamaño junto a ellos existe una mayor de forma rectangular situada sobre los mismos.



Todo parece estar diseñado estratégicamente para una finalidad en concreto.
Y como siempre sucede las cosas tienen explicación, nada está allí por estar, la galería con bancos corridos en sus laterales correspondería a la galería principal donde se realizaría algún tipo de ritual coincidiendo con los momentos precisos en los que el sol ilumina su interior. El resto de galerías no son más que enterramientos funerarios muy similares a los que han aparecido en otras zonas de España, como es el conjunto funerario romano del siglo I encontrado en Carmona (Sevilla) que aparece en las siguientes fotografías:

En esta primera fotografía observamos la "Tumba de los cuatro departamentos" donde se observan bancos en los laterales de la misma:
Tumba de los cuatro departamentos, Carmona (Sevilla)- Fuente de la imagen: http://agrega.educacion.es

 En esta segunda imagen de nuevo de Carmona se observan tres departamentos de menor tamaño pero muy similares a los de nuestra cueva:

Fuente de la imagen: http://culturadesevilla.blogspot.com.es/2011/04/cultura-en-la-provincia-de-sevilla.html


La similitud entre ambos conjuntos funerarios salta a la vista, pero hay que destacar que el acabado del conjunto romano de Carmona es mucho más fino, más logrado, mientras que el que aparece en estas cuevas es mucho más irregular, más primitivo por decirlo así, por lo cual su antigüedad podría ser mayor al del conjunto funerario de Carmona.

Esta es una muestra más de la gran riqueza histórica y cultural que poseemos y que por desgracia ha permanecido olvidada durante muchísimo tiempo y la evidencia de que Palencia está a la altura de otras muchas provincias españolas. Tan sólo debemos comenzar a valorar lo que tenemos, cuidarlo y conservarlo, y junto a ello e igual de importante es darlo a conocer, y entre todos podemos hacerlo.

jueves, 9 de abril de 2015

La pedrea del pan y el queso del 2 de mayo de 1976 - POR EL CRISTO DEL OTERO Y POR PALENCIA.


La pedrea de Pan y el quesillo, una de las tradiciones más populares de Palencia, donde las autoridades arrojan bolsas de pan y queso a manera de pedrea simbólica hacia todos los palentinos y visitantes que se acercan hasta el cerro del Otero. Una pedrea que resultó especial en el año 1976.
Aquel día sucedió algo que para muchos puede parecer sorprendente, pero que forma parte de la historia del barrio del Cristo y de la ciudad de Palencia.
Aquel domingo de hace 39 años nuestro Cristo amaneció de manera especial, una gran pancarta había sido desplegada desde sus ojos, en la que se podía leer la frase ¿TENDRÁ QUE BAJAR ESTE SEÑOR?
La pancarta había sido colocada por los propios vecinos del barrio, que no se limitaron únicamente a realizar esa acción sorprendente, sino que a lo largo del recorrido de la procesión y dentro de la jurisdicción del barrio colocaron estratégicamente una serie de pancartas haciendo alusión a los graves problemas que sufría el barrio. La primera de ellas, que  fue situada en las inmediaciones de la parroquia de San Ignacio, hacía referencia a las necesidades del barrio. Otras decían “Necesitamos calles asfaltadas”, “Este barrio está hecho una mierda”.
La intención de los vecinos es que finalmente las autoridades se dieran cuenta de los grandes problemas que sufría el barrio, pero las mismas se vieron molestas ante la presencia de las pancartas, y se dio aviso a los bomberos para que procedieran a su retirada, comenzando de esta manera un abucheo dirigido a las autoridades de aquel momento. La afluencia de público aquel año a la pedrea fue masiva, provocando una visión impactante de las inmediaciones del cerro del Otero.
La tradicional pedrea desde el balcón de la ermita se inició y las autoridades comenzaron a lanzar las bolsas con el tradicional pan y queso, pero en esta ocasión todo cambió, ya que comenzó a suceder lo inesperado: las bolsas regresaban al balcón arrojadas hacia él de nuevo por el público asistente a la pedrea. La cosa no quedó ahí, las pancartas también acompañaban a la pedrea, y a continuación comenzaron a surgir entre la multitud asistente gritos y exclamaciones de ¡FUERA, FUERA! dirigidos hacia las autoridades que lanzaban las bolsas desde el balcón y que a su vez veían lo que siempre les hubiera parecido imposible, que las bolsas fueran arrojadas hacia ellas.  El tono de la protesta fue aumentando, tanto que algunos jóvenes vaciaron la bolsas de pan y queso e introdujeron en ellas piedras,  y comenzaron a arrojárselas con ese contenido a las autoridades a la vez que gritaban ¡ QUESO NO, OBRAS SÍ !
Terminada la pedrea, las autoridades comenzaron a realizar el regreso hacia la catedral, mientras que los vecinos del Cristo les siguieron hasta las inmediaciones de la parroquia de San Ignacio y Santa Isabel gritando de nuevo ¡FUERA, FUERA!, acompañados de otras reivindicaciones como ¡COLECTORES!, ¡ESCUELAS!, animados por el párroco del barrio.



39 años han pasado desde entonces, unos hechos que forman parte de la historia del barrio del Cristo y de nuestra ciudad, que forman parte de la historia de Palencia. Pese a todas esas décadas transcurridas, el abandono continúa en muchas zonas de nuestra ciudad, y si nos referimos en concreto al barrio del Cristo se puede ver por todas partes, y no son hechos menospreciables ni mucho menos, en el barrio del Cristo se encuentra el Colegio de Huérfanos de Ferroviarios, un edificio público municipal de casi 16.000 metros cuadrados y unos 50.000 metros cuadrados de parcela que son de todos y de cada uno de los palentinos, con instalaciones deportivas incluidas, tanto cubiertas como al aire libre, abandonado por el Ayuntamiento de Palencia y saqueado impunemente. También se encuentran las chimeneas de la antigua Tejera de D. Cándido, que de nuevo cuentan la historia de nuestra ciudad, también abandonadas durante años, resistiendo el paso del tiempo pese a sus grietas y a la falta de conservación, incluso estando inclinada la mayor de ellas, señalando a todos los palentinos que nuestra ciudad puede estar agrietada, pero no hundida. Esa chimenea se mantiene en ese estado pese a encontrarse al lado del Instituto Virgen de la Calle, pese que a diario cientos de alumnos asisten a diario a sus clases. Los antiguos depósitos del agua, otro vestigio más de la historia de Palencia, también abandonados, olvidados, semihundidos e incluso sin valla de protección pese a su gran profundidad, depósitos que iban a ser recuperados medioambientalmente según lo dispuesto en el Plan URBAN, y que recuerdan tiempos mejores cuando su agua proporcionaba abastecimiento a todos los palentinos. El cerro del Otero, convertido en un estercolero, lugar donde se eleva la obra maestra de Victorio Macho, y donde el gran escultor descansa eternamente, llorando en su tumba al ver como la basura le rodea, al ver como su obra maestra permaneció olvidada durante años por las instituciones y políticos, pese a conocer que la misma se encontraba en un estado de conservación regular. Los Jardinillos, lugar que dan la bienvenida a los visitantes que se acercan en tren a nuestra ciudad, con una imagen lamentable que haría llorar al propio Cristo del Otero. Sus ojos que lo ven todo fueron testigos de nuestro pasado, de los hechos aquí relatados, y también presenciaron como en 1976 alguien ascendió hasta ellos y desplegó una gran pancarta reivindicativa exigiendo mejoras en el barrio.  Su acceso interno pertenece cerrado desde hace décadas, nada se dice de él en la restauración externa que se tiene previsto realizar en la colosal escultura, obra única de categoría mundial comparable a la estatua de la Libertad o al Cristo de Río de Janeiro.

Nuestro Cristo, el Cristo del Otero, el Cristo de todos los palentinos, el Cristo de Palencia, que sabe y conoce que la historia se cambió una vez, que los vecinos de Palencia la cambiaron en 1976, que unidos consiguieron que las autoridades atendieran a sus justas peticiones, también conoce que la historia se puede repetir, y que para eso tan sólo hace falta que todos los palentinos nos juntemos, y reivindiquemos lo que siempre nos hemos merecido, no el abandono de nuestros representantes políticos, sino el cuidado de nuestros parques, de nuestros monumentos, la conservación de nuestros vestigios históricos, la conservación de nuestro patrimonio, de nuestras instalaciones públicas, de nuestra industria.
El futuro de nuestra ciudad no está escrito ni le escriben los políticos, le escribieron los ciudadanos hace décadas, y ahora pacíficamente somos nosotros los que debemos escribirle.

En homenaje a todos los vecinos de Palencia que en 1976 lucharon por su barrio y por su ciudad.

domingo, 8 de febrero de 2015

Que en el fondo de la cueva he penetrado: Los cerros de la catedral, cuando la historia va mucho más allá de lo que nos han contado.



Con las palabras que constituyen el título de este artículo finalizaba el anterior, palabras que forman parte de los versos de A. Garrachón Bengoa, y que me sirven para dar comienzo a este nuevo capítulo destinado a la historia desconocida de nuestra ciudad. 

La similitud y coincidencias que se dan en dos lugares emblemáticos de nuestra ciudad y a los cuales he dedicado buena parte de mis artículos no podían ser casualidad, me estoy refiriendo como sabréis a la catedral, a los cerros de San Juan, del Otero y del Barredo Viejo, y a la propia escultura de Victorio Macho, el Cristo del Otero.
Lugares tan destacabless de nuestra ciudad deben estar indudablemente unidos con nuestra historia. De todo ello debía quedar constancia en algún lugar, además de la constancia física que existe en la orientación de la catedral, la cripta de San Antolín y del cerro de San Juan, debía existir algún otro dato que pudiera arrojar más luz al respecto. Lamentablemente las pruebas de ello que pudieran quedar en los cerros han sido destruidas, el cerro de Barredo Viejo ha sido desmontado sin ser ya prácticamente reconocible, se ha perdido la inmensa mayoría de la ermita de San Juan del Otero, y en el cerro del Otero se desmontó buena parte de su faldeo original y de la prolongación del mismo que existía hacia su parte nornoroeste.
Sin embargo aun quedaba una posibilidad de que en  la propia catedral de Palencia existiera alguna pista al respecto que pudiera dar algún tipo de explicación a la relación que une estos lugares, así que hasta ella me trasladé para tratar de buscarla. Esta vez debía de ser algún tipo de prueba física, de decoración en la misma en la que pudiera quedar constancia de una parte de la historia de Palencia que no ha sido dada a conocer. Partiendo de los orígenes de la catedral, si desde el  propio momento de la construcción de la cripta de San Antolín, el vestigio más antiguo que se conserva en la catedral de Palencia, se utilizó la misma orientación que en el acceso de menor pendiente del cerro de San Juan, es porque entre ambos lugares había desde un comienzo una relación muy importante, y por ello, la misma debía estar plasmada en la propia catedral, debía haber una alusión directa a los cerros en alguna parte de su decoración, la prueba a su vez de la importancia que los tres cerros habían tenido en nuestra ciudad desde una época muy remota.
Y esta vez de nuevo encontré lo que la intuición en un principio me había sugerido, en la decoración de uno de los laterales del coro, en el primer paño de la Epístola, a ambos lados del altar de la Visitación, de finales del siglo XV, se encuentran dos frescos en los que se observan dos paisajes naturales con montañas, pero con una forma muy llamativa que cualquier palentino reconoce inmediatamente, se trata de montañas de forma cónica que inmediatamente recuerdan a los cerros que se elevan en nuestra ciudad. En el fresco de la izquierda, se observan claramente tres cerros, uno de menor tamaño y los otros dos mayores y prácticamente idénticos. 


La primera impresión que me dio es que se asemejaban muchísimo a los cerros que realmente existen a no demasiada distancia de la catedral, el menor de ellos sería el Barredo Viejo, y los dos mayores se corresponderían  con el cerro del Otero y el cerro de San Juan.
Esta era sólo la primera impresión, pero justo entonces al avanzar unos escasos pasos más por el interior de la catedral, en la parte derecha del altar, en el otro fresco, se observa algo que comienza a clarificarlo todo:


En esta ocasión se trata de un fresco en el que aparece representado el martirio de San Vicente, el cual se encuentra claramente definido en su parte lateral derecha si le comparamos con el frontal del martirio de San Vicente de Santa María del Monte en Liesa (Huesca). A continuación muestro una comparación de ambas pinturas:

A la izquierda escena del martirio de San Vicente del frontal de Santa María del Monte, en Liesa (Huesca). Fuente: www.romanicoaragones.com. A la derecha escena del martirio de San Vicente representada en el fresco de la catedral de Palencia.


Hasta aquí esto no tendría razón por la cual llamar la atención si no fuese porque en el fresco de la catedral de Palencia además de esa representación se ven también cuatro cerros, uno de ellos en primer plano, de menor tamaño, y los otros tres más alejados y de un tamaño que atraen mucho más la atención. En este segundo fresco estarían reflejados 4 elevaciones, hasta ahora sólo lo había comparado todo con tres (Barredo Viejo, cerro del Otero y cerro de San Juan), pero sin embargo me quedaba una de las cosas que hasta este momento no había podido estudiar al haber desaparecido por completo, la prolongación que existía en el cerro del Otero (denominada popularmente por su forma la "Pata de Lobo") y que había sido borrada del paisaje palentino por las labores de extracción de arcilla que D. Cándido Germán efectuó en esos terrenos para obtener materia prima para su tejera a principios del pasado siglo.
Me faltaba comprobar ese dato, una vez tenía el dibujo plasmado en ese fresco, me faltaba encontrar una prueba real del aspecto que tenía ese lugar antes de que se procediera a la extracción de la arcilla, y la suerte apareció al localizar una antigua fotografía en la cual aparecía reflejado muy nítidamente el terreno que se elevaba en la parte nornoroeste del Cerro del Otero, y que presentaba una similitud más que asombrosa con lo plasmado en el fresco de la catedral. Los tres lugares coincidían a la perfección, tanto que es muy fácil reconocerles una vez se ven al mismo tiempo en el fresco y en la fotografía:


La similitud es tal que salta a la vista, es una pintura precisa de ese lugar:


Si continumaos fijándonos con más atención en este último fresco, vemos que en primer plano a mano izquierda se observa otro cerro de menor tamaño, situado precisamente en la misma zona en la que se encontraba el cerro de Barredo Viejo, y esta vez ya no cabe lugar a dudas, los cerros allí representados son los cerros palentinos a los que me he referido en anteriores artículos:


Ahora bien, si nos continuamos fijando en el primero de los frescos, observamos de nuevo que en él se encuentra representado exactamente el mismo paisaje tomado desde un punto de vista ligeramente distinto, y que en el cerro que se corresponde con el Barredo Viejo está representada una cueva:



Actualmente es imposible comprobar en la realidad si en el menor de los tres cerros existían cuevas, fue desmontado recientemente, y hay personas que afirman que durante las labores de desmonte se descubrieron esqueletos, hechos que no he conseguido confirmar. Sin embargo, sí que he podido confirmar lo que otros ciudadanos afirmaban, y es que en el cerro del Otero, en su parte más baja, precisamente en la zona donde Cándido Germán extraía la arcilla que más tarde empleaba como materia prima en la tejera, existían cuevas realizadas por la mano del hombre, del mismo estilo que el que aun por fortuna a día de hoy posee la ermita de Santa María del Otero, sita en lo alto del Cerro del Otero, y en los restos que se conservan de la ermita de San Juan en el cerro de su mismo nombre. Este hecho aparece reflejado en antiguas fotografías del lugar de la extracción de la arcilla, donde se pueden ver varias aperturas en forma de cueva.



Por lo tanto, existiendo en el cerro del Otero, cerro culminado por la ermita que mencioné anteriormente, también es posible que existieran en el cerro del Barredo Viejo, estando este cerro también coronado por una ermita como publiqué en el artículo en el que me refería a las pirámides de Palencia, y precisamente esos frescos de la catedral palentina es el mensaje que nos trasladan. La similitud entre las cuevas en ellos representadas y la realidad es más que asombrosa como queda constatado en la siguiente comparativa:


Pero las preguntas cada vez continúan aumentando, ya que esos frescos no sólo se limitan a representar ese paisaje de nuestra ciudad, sino que en ellos aparece representado el martirio de San Antolín, el patrón de nuestra ciudad, que en el primer fresco se encuentra representado en el interior de la cueva de Barredo Viejo, mientras que en el segundo aparece una especie de "puerta", situada también en el mismo cerro, y aquí es donde comienza a estar todo relacionado y de nuevo aparece parte de la historia de Palencia oculta y no dada a conocer a los propios palentinos. ¿Qué hace San Antolín en el Barredo Viejo? ¿Realmente existió una cueva?
Ningún símbolo ni mensaje fue colocado ni dejado para la posteridad por capricho del azar, tan sólo esperaban a ser leídos en el momento adecuado para que la historia de Palencia finalmente salga a la luz, y en esta ocasión, de nuevo la similtud de lo representado y la realidad es asombrosa, basta comparar la cueva representada en esa pintura con la cueva que existe en la realidad:


Los cerros tuvieron que ser importantísimos en la antigüedad para relacionar directamente a nuestro patrón con ellos, cerros abandonados desde hace décadas e incluso desmontados por las autoridades, y prueba de esa importancia es que fueron representados en el interior de la propia catedral, estando a la vista de todos cuantos la visitan, pero sin embargo no se han dado a conocer ni se han relacionado con el paisaje de nuestra ciudad  que hasta hace muy pocos años aun podíamos seguir observando, y del cual por fortuna nos queda la prueba fotográfica de su presencia, pese a haber perdido ya el cerro en el que sorprendentemente se encuentra oculto San Antolín, el Barredo Viejo.
¿Es verdad la historia que nos han contado?

CONTINUARÁ

ARTÍCULO RELACIONADO: "El auténtico San Antolín y los cerros de Palencia, el primitivo origen de nuestra ciudad"