domingo, 11 de octubre de 2015

El auténtico San Antolín y los cerros de Palencia, el primitivo origen de nuestra ciudad.



Como recordaréis en mi artículo titulado “Que en el fondo de la cueva he penetrado: Los cerros de la catedral, cuando la historia va mucho más allá de lo que nos han contado” se dejaron sin responder varias preguntas, ¿es verdad la historia que nos han contado? ¿realmente existió una cueva? , ¿qué hace San Antolín en el Barredo Viejo?



Todo parte de lo representado en un antiguo fresco del siglo XV situado en uno de los laterales del coro de la catedral de Palencia y del estudio efectuado en los cerros situados en las proximidades de la ciudad de Palencia. En anteriores artículos he hablado de las ermitas, o mejor dicho, antiguos eremitorios excavados en las cimas de los cerros , de cómo el cerro de Barredo Viejo fue desmontado por desgracia recientemente, del estado de abandono absoluto en el que se encuentra la ermita de San Juan situada en la cima del cerro del mismo nombre, o de la ermita de Santa María del Otero, único vestigio del antiguo santuario circular que se encontraba en la cima del cerro del Otero, sobre la cual se levanta la imponente escultura del maestro escultor Victorio Macho, el Cristo del Otero, de 20.20 metros, exactamente la misma altura que tiene la esfinge de Guiza. De igual manera, y para finalizar con un resumen breve de lo mencionado en anteriores artículos, hay que hacer referencia a las alineaciones astronómicas de los cerros y de la catedral de Palencia, el cerro de San Juanillo así como la catedral de Palencia están orientado de tal manera que señalan la salida y puesta de sol en los solsticios de verano y de invierno, ambos coincidiendo con las dos celebraciones de San Juan, y la correlación que existe entre los tres cerros y la posición de tres de las estrellas de la Osa Mayor, Mizar, Megrez y Alioth, siendo la más brillante esta última, y como de igual manera el cerro de Barredo Viejo y el del Otero señalan prácticamente con total precisión el eje norte-sur.

Una vez realizado este breve resumen, ha llegado la hora de intentar dar respuesta a las preguntas planteadas en un principio. El cerro de Barredo Viejo ha desaparecido prácticamente en su totalidad, por lo que si quería tener un testimonio en primera persona de lo que allí se podía ver, necesitaba el de algún vecino que hubiera presenciado el desmonte del cerro, y por azares del destino ese testimonio llegó a mi conocimiento, y no podía ser más enigmático y sorprendente.

Placa colocada en el lugar donde se levantaba el cerro de Barredo Viejo

Ese testimonio dice lo siguiente:
“Vivo en Barredo hace 8 años y puedo asegurar que esa pirámide era especial,  y además la obra se paralizó un mes porque habían encontrado esqueletos, de lo que no se informó a nadie, después se reanudó como que no había pasado nada. Quiero decir que fue una obra muy complicada porque ni las excavadoras podían con el otero, estaba lleno de cristales o yeso natural, vamos era una fortificación y quién sabe si había sido una tumba en el pasado”.

El testimonio no puede atraer más la atención, precisamente en el cerro en el que aparece representado San Antolín siendo martirizado en el fresco de la catedral de Palencia es donde según ese testimonio fueron encontrados esqueletos. Esto era algo que debía ser estudiado, para tratar de saber qué es lo que se escondía realmente en ese cerro.

Existe un dato perfectamente contrastado, que no es otro que el hallazgo  en la ladera del cerro del Otero de un antiquísimo cuenco de cerámica. Apareció, sin que se conozcan las circunstancias concretas, en un lugar de la ladera del Cerro del Otero, junto a la capital palentina, en una zona donde en un tiempo hubo tejares. Al cuenco ya le faltaba un fragmento del borde cuando fue hallado, habiendo sido restaurado en el laboratorio del Servicio de Investigaciones Arqueológicas de la Diputación de Barcelona. Tiene una altura de 4,5 centímetros y su diámetro es de 12,5 centímetros, estando datado en la edad de bronce antiguo, hace unos 4.200 años, es decir, superando en unos 2.000 años la antigüedad de la Pallantia romana.



Se trata por lo tanto de una prueba confirmada y datada de la presencia humana en el cerro del Otero hace 4.000 años. ¿Pudiera este hallazgo tener relación directa con el testimonio aportado por un vecino sobre los esqueletos encontrados en el Barredo Viejo?

Había que seguir investigando para ver si tal relación existía, y para ello había que seguir indagando en los orígenes de nuestra ciudad, remontándonos a una época antiquísima, viajando en el tiempo 4000 años atrás, toda una inmensidad. Debía encontrar una fuente con la que pudiera confirmar la existencia de tales esqueletos, que si estuvieran datados en la misma edad que el cuenco encontrado en la ladera del cerro del Otero, corresponderían a los habitantes más primitivos de nuestra ciudad, a los palentinos de hace  4 milenios, y según se afirmaba en el testimonio de ese vecino, dicha fuente no la encontraría en la actualidad, por lo que debía buscar en alguna fuente histórica del pasado de nuestra ciudad. Tras realizar ese proceso de búsqueda, detecté un documento que corresponde a la primera mitad del siglo XX en el que se habla de manera muy  clara de los orígenes primitivos de nuestra ciudad, y citada fuente no podía ser más esclarecedora, en ella se dice lo siguiente:
“La situación de Palencia prehistórica no ha variado sensiblemente desde el inicio sedentario, puesto que en el subsuelo de la actual ciudad y en sus cercanías se encuentran restos, como dos sarcófagos excavados en troncos de árboles petrificados, con sus sendos esqueletos, fósiles también, siendo lamentable que en su día no fuesen debidamente recogidos y estudiados antropológicamente, lo que hubiera dado una gran luz sobre la raza primitiva palentina, ya que esa forma de sepelio corresponde a una remotísima antigüedad y no tiene precedentes en las costumbres sepulcrales ibéricas”.

Lo que se afirma en esa fuente impresiona, se habla de esqueletos enterrados en troncos de árboles completamente fosilizados sin precedentes en las costumbres sepulcrales ibéricas encontrados en las cercanías de la ciudad de Palencia, y que por lo tanto corresponderían a los restos humanos más antiguos encontrados en nuestra ciudad. Pero, ¿está directamente relacionado el hallazgo de estos esqueletos en las proximidades de Palencia con la localización de los cerros de Barredo Viejo, cerro del Otero, y cerro de San Juanillo?

Tenía que seguir investigando al respecto, y aquí hay que aclarar una cosa que seguro que es desconocido para muchas personas, cuando se habla de pirámides, a la inmensa mayoría de las personas  les viene la memoria las pirámides de Egipto, de base cuadrada y construidas mediante bloques de piedra, por lo que en un principio nada tienen que ver con la imagen de los cerros de nuestra ciudad que todos estamos acostumbrados a ver. 

Llegados a este punto, quiero recoger las palabras que Jesús Torrellas expuso en una entrevista realizada por la 8 de Televisión Palencia, que son las siguientes:
“El Cristo del Otero tiene un componente esotérico que prácticamente nunca se ha tocado y es muy acusado. Primero hay que tener valor para sacar esto a la luz, porque igual que vas a tener muchos amigos, también va a haber detractores. Es una estatua única a nivel mundial, en el planeta hay cientos de cristos, sin embargo ninguno de las características del nuestro, y el lugar en el que está. La imagen del Cristo está enclavada en lo que siempre nos han dicho que es un cerro testigo, geológicamente hablando, pero ahí habría muchos matices. Yo he contactado con bastantes geólogos, gente de mucho prestigio y me dicen que los dos cerros no son cerros testigos porque geológicamente sería imposible, se hubieran venido abajo con el paso de los millones de años. Entonces qué pasa, estamos hablando de dos puntos, como hay más en España, en Liérnagues en Santander, en Robledo de Chavela en Madrid, en Jaén, sitios que no corresponde su geología a que todavía estén en pie digamos. ¿Cuál es mi teoría y la de más gente? Que estamos hablando de unos cerros que tienen su componente artificial, es una colina de caliza que es imposible que aguante millones de años donde está con lluvias, hielos, nieves, sequías, tormenteras… “



De nuevo vuelve a aparecer la figura del Cristo del Otero, siempre presente en la ciudad de Palencia, y esta vez se menciona con total claridad que los cerros tienen su componente artificial, y aquí es cuando quiero hacer la siguiente aclaración, además de existir las por todos conocidas pirámides de piedra de base cuadrangular, también existen otras construcciones denominadas túmulos. Los túmulos se caracterizan por ser construcciones de base circular en forma de cono, en muchísimos de los casos realizados directamente en tierra, y aquí es cuando ya aparece una relación directa de este término constructivo con los cerros de Palencia, por lo que surge una nueva pregunta, ¿pueden ser túmulos los cerros de Palencia? 

Comparativa del túmulo tumba del rey lidio Alyattes y el cerro de San Juanillo
Se trataba de una nueva pregunta a la que dar respuesta, y en esta ocasión recurrí a lo que el Maestro escultor Victorio Macho había dejado escrito en la mayor de sus obras, el Cristo del Otero. En anteriores artículos había hecho referencia a la pirámide dibujada sobre el corazón de la escultura coronada por un círculo dorado que hacía referencia a la pirámide y a la estrella Alioth, también había mencionado que dentro de la pirámide aparecía dibujada la cifra 666, siendo exactamente 666 teselas las que componen el contorno del corazón y las espirales que lo rodean, pudiéndose al mismo tiempo trazar una línea que mida 666 metros y que una la cima del cerro del Otero con la cima del cerro de San Juanillo. Pero aún queda una cosa más por analizar, que también pasa desapercibida para la mayoría de las personas si no se mira con atención hacia él, y son precisamente esas espirales.
Corazón original del Cristo del Otero antes de la "restauración"
 ¿Qué es lo que se observa en ellas? Tan sólo se puede explicar si se conoce el símbolo celta denominado Triskel, el cual posee tres brazos o ramas, cada una terminada por una de esas espirales, exactamente de la misma forma que las que Victorio Macho dibujó en el corazón plasmado sobre el pecho del Cristo del Otero. Ahora bien, cuál es el mensaje que transmiten esas espirales. Al igual que el resto de los mensajes implícitamente escritos por Victorio Macho en el corazón de su obra maestra, ese mensaje está directamente relacionado con las pirámides de Palencia, los cerros del Otero, de San Juanillo y de Barredo Viejo,  con el hace referencia a la cultura celta, y quizás si indagara en esa cultura encontraría una explicación a por qué Victorio Macho hizo una referencia directa a la misma, así que de nuevo comencé a investigar este nuevo interrogante.


Triskel

En la obra “Los celtas y la civilización céltica” de Henri Hubert, se dice lo siguiente:
“En la primera época de la Edad de Bronce llegaron a las islas Británicas, viniendo del continente, gentes muy bien caracterizadas. Mientras los neolíticos (entiendo con esto también todo el comienzo de la Edad de Bronce) eran dolicocéfalos de tipo Mediterráneo, que construían para sus muertos, o por lo menos para los más distinguidos de entre ellos, unos túmulos con cámara funeraria, long barrows, túmulos largos, en los que se hallan a veces esos curiosos vasos campaniformes adornados con fajas a distancias regulares y cubiertas de motivos grabados o impresos, del tipo más sencillo y más clásico, los recién llegados son de un tipo de enterramiento distinto y tenían otras costumbres funerarias.
Enterraban a  sus muertos bajo túmulos circulares (round barrows), en fosas donde el cuerpo estaba replegado y colocado sobre uno de sus costados y que tenía un enlosado de piedras o una construcción de madera; más tarde, los incineraron. En sus fosas había vasos campaniformes, pero del tipo reciente, en los que se separa la panza del cuello, o vasos derivados de esta última forma.

Pero, ¿de dónde venían esos invasores? Los vasos campaniformes y sus formas muy antiguas, se encuentran en Sicilia, Cerdeña, Italia, pero sobre todo España y es costumbre considerarlos originarios de aquí.
Dos de los vasos encontrados en Bretaña eran las urnas de una sepultura de incineración, otros dos se encontraban en su túmulo al lado de esqueletos extendidos sobre su espalda, uno de los esqueletos estaba encerrado en un ataúd de madera.”

Las similitudes que aparecen en este texto con lo encontrado en Palencia son asombrosas, en primer lugar se habla de una época en concreto, la Edad de Bronce, exactamente la misma Edad de la que data el cuenco hallado en la ladera del cerro del Otero. En segundo lugar se habla de una forma de enterramiento muy concreta, el enterramiento bajo túmulos circulares, exactamente la misma forma de los cerros de nuestra ciudad, mencionando al mismo tiempo que en las fosas aparecían vasos campaniformes, justo del mismo estilo al que pertenece el cuenco hallado en el cerro del Otero, pero se va más allá aún, y se dice que es típico considerar  los vasos campaniformes como originarios de España, justo donde se encuentra Palencia, y por si todas estas similitudes fuesen pocas, se menciona que en esos túmulos se encontró uno de los esqueletos enterrado en un ataúd de madera, exactamente la misma técnica de enterramiento que la descrita en el libro referente a la historia de nuestra ciudad, en el que se habla de dos esqueletos fosilizados enterrados en troncos de árboles también fosilizados.
Ahora es cuando todo comienza a estar relacionado, todo comienza a tener sentido, también el testimonio de ese vecino que observó el descubrimiento de los esqueletos en el cerro de Barredo Viejo durante sus labores de desmonte. Seguro que recordáis las dos figuras gigantes representadas en el grabado del siglo XIX elevándose en lo alto de la ciudad primitiva de Palencia, las dos figuras representan dos antiquísimas personas que vivieron en nuestra ciudad hace miles de años, personas muy destacadas  y que por ello fueron enterradas en dos de los túmulos de nuestra ciudad, por eso la leyenda del Cristo de oro de Doña Berenguela, por eso toda la zona era denominada en la antigüedad como Bosque Sagrado, por eso la construcción de dos grandes Santuarios en lo alto de las cimas del cerro del Otero y de San Juanillo, por eso los cerros fueron representados en los frescos del lateral del coro de la catedral de Palencia, porque siempre fueron considerados lugares sagrados, porque en ellos está el origen de nuestra ciudad.


La historia, la verdadera historia de Palencia, fue alterada y tergiversada con el paso de los siglos, el eje de la Cripta de San Antolín, y por lo tanto el eje mayor del crucero de la catedral de Palencia, tiene la misma orientación que el eje que señala el camino de menor pendiente a la cima del cerro de San Juanillo, y hay una similitud más, el copatrono de Palencia es San Juan, teniendo lugar los solsticios siempre en las fechas en las que se celebran la festividades de San Juan, siempre en torno a los solsticios de verano y de invierno, los 21 de junio y 21 de diciembre de cada año.

Y de todo ello proviene la leyenda de la Cripta de San Antolín, de todos es conocida su leyenda, que estando el rey Sancho III de cacería, observó a un jabalí esconderse en una cueva, y al ir a cazarle se le paralizó el brazo, apareciendo los restos de San Antolín en ella, y por ello se construyó a continuación un templo dedicado a San Antolín. Pero resulta que San Antolín está representado en una cueva en el fresco de la catedral, bajo el cerro de Barredo Viejo, por lo que el auténtico San Antolín no es el que nos han dado a conocer, sino que data de una época muy anterior, sus restos fueron encontrados en uno de esos antiquísimos enterramientos bajo esos túmulos, bajo esos cerros palentinos que siempre hemos tenido a la vista, pero que nunca nos hemos parado a mirar con atención, a excepción de alguien que lo sabía hace muchos años, a excepción de un gran escultor que dejó su mensaje escrito en su mayor obra, a excepción del Maestro Victorio Macho, que conocía perfectamente la verdadera historia de nuestra ciudad, y que la dejó escrita en el Cristo del Otero para que fuese leída por aquellos que saben leer, puesto que la historia escrita en piedra es la que jamás se borra, y perdura al paso de los años.

Para terminar este nuevo artículo, le quiero finalizar con un verso de A. Garrachón Bengoa mencionados en una publicación anterior, pero que seguro que después de este artículo os transmiten de forma clara el verdadero origen y la verdadera historia de nuestra ciudad:



Y dejad que me arrodille y me humille

ante un resto de otro pueblo más creyente,

que llevó su fe en la frente

ensalzando la clemencia omnipotente.

Que en el fondo de la Cueva he penetrado

y creyente me he sentido

y en el brazo del rey Sancho he meditado

y un momento me he creído

que quedó paralizado…

Que en el fondo de la Cueva he penetrado.

CONTINUARÁ

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